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JusticiaEn Roma consideramos siempre que si hubieran existido organismos de control en la época del Imperio, seguramente esa horda de emperadores y funcionarios corruptos se habría extinguido antes de lo previsto.

Sin embargo, esa percepción romántica nos cambió viendo departamentos como el Valle del Cauca, con unos niveles de corrupción administrativa tan altos y donde esos ‘entes de control’ se comportan como simples ‘oficinas de cobro’, dedicadas al blanqueo del dinero que han robado exmandatarios y funcionarios corruptos a cambio de una parte significativa del botín.

En Roma han encontrado que el procedimiento es sencillo. Quien roba y quiere lavar sus culpas, solo debe compartir una pequeña porción con los fiscales, procuradores o contralores tan corruptos como ellos, que en el Valle no son todos pero sí son bastantes, y a cambio los procesos penales, disciplinarios o fiscales son archivados y quienes se han apoderado de recursos públicos quedan habilitados entonces para salir a gritar a los cuatro vientos que no se han apoderado de nada porque ya han sido investigados hasta la saciedad.

Y no son pocos los casos en varios de los municipios del Valle donde los empleados, titulares o investigadores de las temibles ‘ías’ se han agachado para recoger lo que les tiraron al piso, mientras los autores de magnos desfalcos andan muy orondos por las calles disfrutando de las fortunas que les dejó su paso por la administración pública.contraloria logo

En un hecho reciente se denunció en el diario El País cómo en la Contraloría del Valle viene operando una red de corrupción a alto nivel dedicada a cobrar un porcentaje a las personas investigadas para archivarles los procesos fiscales. Eso en la ley romana solíamos llamarlo blanqueo de dinero.

En Palmira el exalcalde Raúl Alfredo Arboleda se ufanaba de ser el mandatario más investigado del país, pero oculto bajo la falda de la exsenadora Dilian Francisca Toro evadió cada uno de los procesos penales, disciplinarios y fiscales,  los cuales terminaron archivados o engavetados en el recipiente de los procesos iniciados y que nunca avanzaron. Incluso, en una ocasión fue destituido en primera instancia y la segunda instancia ratificando la sanción se la fallaron más de un año después, cuando ya había dejado el cargo. Como decíamos en Tracia, “el que a buena falda se arrima, buena enagua lo cobija”.

Pero ninguno tan bien apadrinado como Jorge Iván Ospina, el exalcalde de Cali. Poniendo su carita de ‘yo no fui’ hizo fiesta con los recursos del estadio, con los contratos del MÍO, derrochó una fortuna pagando favores políticos con los Guardas Cívicos y se dedicó a evadir los procesos de contratación a través de los convenios interadministrativos. Pero ser el ahijado político de Angelino Garzón le ha permitido capotear y salir ileso en cada proceso. Incluso, estudia la posibilidad de que sea postulado a la Presidencia de la República.

LogotipoFiscaliaEn Buenaventura se prestaron algunos jueces y fiscales, así como la procuradora María Cristina González, en la administración anterior, para desplegar toda una cacería en contra de la excontralora Ana Betty Arboleda para tratar de inhabilitarla por el simple hecho de hacer control fiscal a las actividades y gastos de José Félix Ocoró. Hoy día, la excontralora enfrenta cerca de 15 procesos penales y disciplinarios que le fueron iniciados por ese cartel de la “injusticia” que estaba al servicio del tristemente célebre Partido PIN.

Esta misma Procuradora de Buenaventura, con una capacidad asombrosa de reacomodo, ahora de lado del senador Édison Delgado, está señalada de haber filtrado la información que le entregó el exconcejal Stalin Ortiz por irregularidades en la ESE Luis Ablanque de la Plata, hecho por el cual fue asesinado a comienzos de este año.

Para acabar de rematar, a finales de diciembre un juez envió a la cárcel a la personera de Tuluá Beatriz Eugenia Jiménez González por los delitos de peculado por apropiación, falsedad en documento público y celebración indebida de contratos.

Lo cierto es que mientras Abadía hacía de las suyas en el Valle; Ospina firmaba convenios a diestra y siniestra en Cali; Ocoró gobernaba para beneficio personal en Buenaventura; Arboleda saqueaba a Palmira y Aragón desangraba a Jamundí, las ‘ías’ estaban dedicadas al ‘tapen tapen’ y a amenazar adversarios como dignos herederos del despotismo de Nerón o Calígula.

logo_procuraduriaCon su humor sarcástico, Crixo cree que es momento de redefinir el concepto de ‘corrupto’ y acuñar esta máxima: “Corrupto no es el que se roba los recursos públicos, sino el que roba tan poquito que no le alcanza para lavar sus pecados ante los organismos de control”.

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Remodelar el Estadio Pascual Guerrero de Cali costaría $25.000 millones; ya va por $110.000 millones y aún falta plata. mandarlo a hacer nuevo habría salido más barato.

Remodelar el Estadio Pascual Guerrero de Cali costaría $25.000 millones; ya va por $110.000 millones y aún falta plata. Habría sido más barato mandarlo a hacer totalmente nuevo.

Más allá del orgullo que puedan sentir los caleños por tener un estadio de fútbol presentable, en Roma creen que en la memoria histórica de la ciudad quedará el nuevo Pascual Guerrero como uno de los más grandes monumentos modernos a la corrupción en Colombia.

Siguen pasando los meses y persiste ese silencio cómplice de la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría que, por alguna razón, se niegan a saber por qué si las obras del Estadio Pascual Guerrero costaban $26.800 millones, ya lleva invertidos más de $110.000 millones y aún falta dinero para terminarlo. 

Lo curioso, paradójico o absurdo, como cada quien prefiera llamarlo,  es que al exalcalde de Manizales Juan Manuel Llanos y su secretario de Deportes hace tres semanas les imputaron cargos porque hubo un sobrecosto en la compra de la silletería de $700 millones. Una verdadera ‘chichigua’ comparado con los miles de millones que por ningún lado se le ven al Pascual Guerrero de Cali.

Ospina y AngelinoDe lo que no cabe duda es que el exalcalde Jorge Iván Ospina demostró ser un gran estratega (en el peor sentido de la palabra) al echar mano de los funestos acuerdos de cooperación, muy utilizados en su administración,  para delegarle sus funciones al Fondo Mixto para la Promoción y el Deporte, con el que suscribió cinco convenios y un otrosí y se pasó por la bragueta las normas de contratación.

De esta manera el exalcalde Ospina puso como intermediario al director del Fondo Mixto, el viejo Pascual Guerrero, para que hiciera todo lo que a él no le permitía la ley: contratar a dedo, sin estudios previos, inflar los costos, favorecer a sus amigos y trasladar buena parte de los recursos del estadio a su cuenta personal.

Incluso, Ospina puso al Fondo Mixto a solicitar un crédito público para que ese dinero no pareciera que fuera una obligación de la Administración caleña y no hiciera parte de los registros contables, lo que tipifica una falta disciplinaria y penal, de acuerdo con la Ley 358 de 1997. ¿Pero adivinen quién deberá pagar?

El tema de la silletería es un atraco vulgar. Por cada una de las 21.341 sillas con espaldar, la Alcaldía de Jorge Iván Ospina le pagó a Guerfor S.A la suma de $72.906, mientras por cada una de esas sillas la Alcaldía de Pereira pagó $47.792. Es decir, aquí ya se perdieron $536 millones.

Por las 13.688 sillas sin espaldar, Cali pagó $57.501 por cada una, mientras en Pereira las facturaron a $35.032 por unidad. En global, en las meras sillas del Pascual Guerrero se esfumaron a alguna cuenta bancaria más de $843 millones y eso a nadie le ha importado.

Pero el caso insignia fue la compra de la pantalla LED del Estadio. Se contrató con la empresa B&T trading una pantalla de 49 metros cuadrados por un total de $1.400 millones y resulta que la pantalla fabricada en China solo costaba $38 millones, incluyendo la nacionalización y los impuestos. En esta desfachatez de contrato se embolsillaron $1.362 millones más.

Pero estos dineritos de más, porque ningún ente de control considera aún que haya habido un sobrecosto o un detrimento patrimonial, no son nada comparado con los ríos de dinero que quedaron sepultados en las obras de infraestructura, de reforzamiento y las cubiertas del Estadio.

Crixo señala que es cierto que los estadios son para meter goles, pero tampoco para que esa tabla de artilleros que lideró Jorge Iván Ospina, el viejo Pascual Guerrero y el exsecretario de Deportes Diego Cardona le hayan metido semejante paliza a los caleños con una obra a la que le anexaron un museo y una cafetería para exprimirle hasta que más no pudieron.

En Roma, al igual que el exalcalde de Manizales, sí quisieran saber a que ángel, arcángel o Angelino (Garzón) es al que se encomienda Jorge Iván Ospina porque hasta ahora sus plegarias han resultado 100% efectivas y los entes de control parecen maravillados con los sobrecostos del Estadio.

Tanto, que Espartaco conoció que solo en las gabetas de la Procuraduría General de la Nación reposan 41 investigaciones disciplinarias en contra del exalcalde Ospina, sin que nadie se atreva siquiera a iniciar los procesos.

Post Data: La firma Guerfor S.A, con la que se firmó el contrato por $2.343 millones para la silletería del Estadio Pascual Guerrero, figura en su documentación con un patrimonio de nueve millones de pesos.


En su orden: Juan Diego Flórez, Luis Eduardo Barrera y Jorge Iván Ospina. Todos enfrentan procesos disciplinarios por delitos contra la administración pública.

Sin necesitar mayor análisis, en Roma han llegado a la conclusión de que lo único bueno que le aportó Jorge Iván Ospina a Cali en sus cuatro años como alcalde, fue la lista de personas quemadas que, con suerte, no volveremos a ver jamás en la administración pública; incluido él.

Porque esa cuadrilla de médicos y profesionales jóvenes que fueron presentados el 1 de enero del 2008 como la panacea y la renovación de la política, entre los que estaban Juan Diego Flórez, Luis Eduardo Barrera, Juan Carlos Botero, Eliana Salamanca y Diego Campo, por mencionar sólo algunos, pasó a la historia como la administración más corrupta que recuerden los caleños.

No en vano Africanus, el primer gran gladiador que tuvo Roma, asegura que ese ‘Nuevo Latir’ en la política, como lo vociferaba Ospina, fue puro barniz porque ese ‘corazón grande’ lo que bombeaba eran los lixiviados de la corrupción en la contratación, por no hablar de los vergonzosos convenios interadministrativos.

La penúltima perla, porque ya les contaré la última, fue el antojo que le dio al hoy exsecretario de Infraestructura Juan Diego Flórez por mandar a pavimentar varias calles un 29 de diciembre. Ni el mago Copperfield habría logrado ejecutar esas obras en dos días, dicen los dioses iracundos.

Sin embargo Flórez, mientras la ciudad andaba de feria, él también hacía fiestas en su oficina firmando contratos como el No. 4151.1.14.07.069-2009, con el Consorcio Valle S.A., para hacerles mantenimiento a las vías de la Carrera 2 entre Calles 15 y 23, del barrio El Hoyo (Comuna 3), y la Calle 28 entre Carreras 23B y 23C, Calle 28 entre la placa 23C-28 y Carrera 24ª, en el barrio El Prado (Comuna 11) por la no despreciable suma, y menos en Navidad, de cerca de $400 millones.

Por el mantenimiento de esta vía en la Carrera 2, entre calles 15 y 23 del barrio El Hoyo, la administración Ospina pagó más de $200 millones.

Incluso, en un hecho merecedor de un capítulo en la mitología romana, Flórez se las arregló para que el 31 de diciembre del 2009, le abrieran una oficina para cancelar el impuesto de timbre de ese parrandero contrato, como reza en el recibo No. 312747. Pero en Roma acuñaron el término de que primero cae un mentiroso que un cojo, y era eso lo que iba a ocurrir con el cambio de gobierno.

Desde el 2010 los hallazgos de la Contraloría mostraron que Juan Diego Flórez cometió faltas gravísimas porque no hubo interventoría externa, se hallaron deficiencias en los estudios previos, faltó el análisis de conveniencia y no se aprobó la póliza de garantía de cumplimiento antes de la ejecución del contrato.

Sin embargo, el expersonero Manuel Torres tenía engavetado el informe, pese a que en noviembre del 2010, el contrato aún no se ejecutaba y el exsecretario Flórez andaba todavía firmando un Acta de reconocimiento de mayor cantidad de obra por cerca de $60 millones para terminar las obras.

Pero si hay un hecho que sorprendió en Roma, es la manera como actuaba el círculo de amigos y familiares del exalcalde Ospina, pensando siempre en amasar fortuna, como lo narró un excontratista sumado a este ejército de gladiadores.

Ese contratista es Orlando ‘Batato’ Castro, exfutbolista del Santa Fe y dueño de la firma B&T Trading, la que realizó la polémica importación de la pantalla del Estadio Pascual Guerrero y quien estuvo en otros negocios con la Alcaldía.

Entre ellos un proyecto habitacional a bajos precios y con buenas características técnicas que se frustró porque el empresario no elevó los precios para ‘untarles’ la mano, entre otros, a Juan Diego Florez, entonces secretario de Vivienda, y a Fernando Chaves, conocido como ‘Chamo’ y quien es primo del exalcalde Ospina.

No obstante, 50 de esas casas ya habían llegado a Buenaventura en julio del 2009 y fueron depositadas en la bodega La Nubia, en Janchito, mientras el empresario se iba a la quiebra porque había hipotecado hasta su casa para sacar adelante este proyecto. (Lea aquí el relato completo del ‘Batato’ Castro para Espartaco sobre la historia de mentiras, soborno y amenazas que hay detrás del frustrado proyecto de vivienda con Las Casas Chinas y todos los funcionarios implicados).

Hoy, desde el exilio, ‘Batato’ Castro se ha valido de su cuenta en twitter para manifestar parte de todas las verdades que conoce y que asegura que muy pronto conocerán en detalle los caleños. (https://target=”_blank”twitter.com/batatocastro)

Mientras eso ocurre, la ecuación que hacen los dioses en Roma es que fueron cuatro años de alcaldía de Jorge Iván Ospina y que, aunque nunca fue un secreto que los contratistas debían pagar ‘peaje’ o ‘ají’ para trabajar con la administración, muy seguramente todos sus compañeros de gabinete se retiraron a sus cuartos de invierno con muchos ceros en sus cuentas de banco.

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No tienen ninguna duda en Roma que para las últimas administraciones de Cali y el Valle del Cauca ha sido más importante contar con una buena nómina paralela de periodistas que seleccionar un buen gabinete y un calificado equipo de gobierno.

Eso explica porqué dos de las administraciones más corruptas para la ciudad y el departamento en los últimos años (la de Jorge Iván Ospina y la de Juan Carlos Abadía, respectivamente), terminaron sus mandatos con una imagen positiva por encima del 70%.

Lo absurdo es que Abadía hizo fiestas con la plata de la Industria de Licores del Valle, volvió agua los recursos de Acuavalle y si no es porque lo separan del cargo habría empeñado el departamento.

Ospina, por su parte, le anotó una goleada a los caleños con la remodelación del Estadio Pascual Guerrero, y por obras que le dijeron al Concejo de Cali que costaban $26.000 millones se terminarán pagando $110.000 millones; cuando el estadio del Deportivo Cali haciéndolo nuevo sale por $70.000 millones y el de San Lorenzo de Almagro costó cerca de $50.000 millones.

También aprovechó Ospina que los caleños estaban en fuera de lugar para entregar a dedo, por medio de convenios interadministrativos (medida legal para torcerle el pescuezo a la Ley 80 de contratación), cerca de $700.000 millones en contratos. Y ni qué decir de los millones que se comieron los Guardas Cívicos, con los que se dedicó a pagar favores y repartirles puestos a sus líderes ‘prepago’.

Estas, y muchas otras triquiñuelas, se pueden ocultar, como lo hizo Jorge Iván Ospina con una nómina paralela de 30 periodistas de diferentes medios a los que les pagaba bajo cuerda a través de las distintas secretarías por supuestos trabajos que jamás se realizaron.

Lo propio hizo Abadía, que a través de las dependencias e institutos descentralizados tercerizaba pagos a comunicadores y directores de algunos medios de radio, prensa y televisión, quienes se dedicaron en sus 30 meses de mandato a cuidarle la espalda y a elogiar cada una de sus acciones.

No en vano salió el dueño de Radio Súper Cali, Humberto Pava Camelo, quien estuvo preso en el Proceso 8.000, en una férrea defensa del gobernador Héctor Fabio Useche cuando iba a ser suspendido por la Contraloría.

En esa actitud desfasada, justificando lo que le dan y pavoneándose para que Useche lo viera, agredió verbalmente a una colega suya periodista e incitó a que la atacaran otros que como él, se mostraban como grandes defensores del Mandatario a la espera de un puesto o un contrato.

La diferencia es que el señor Pava Camelo, graduado en presionar gobernantes desde su micrófono, no pidió un puestico sino que le exigió al gobernador Useche $200 millones mensuales en pauta para su emisora (que ocupa últimos lugares en sintonía, según el último Estudio General de Medios, EGM), además de cargos en la Gobernación y una secretaría. Finalmente, lo cuadraron entregándole el manejo del Telepacífico, con la condición de que no pusiera a su esposa como Directora del ‘Canal de Nuestra Gente’.

Así mismo han circulado por la internet los listados de periodistas a los que se han contratado por millonarias sumas en el Concejo de Cali para que no hablen mal de la corporación.

Triste papel el que han jugado algunos en este juego macabro en el que siempre terminan pagando los platos rotos los ciudadanos de bien, aquellos que andan por fuera del ‘carrusel’.

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